La llegada de la segunda quincena de mayo significa, además de la aparición de las primeras mangas cortas y de los helados en nuestras calles, la celebración de las fiestas tradicionales de San Isidro, el patrono de la capital, y que tienen como epicentro el barrio de San Isidro, en Carabanchel.

San Isidro nació en Madrid, posiblemente el 4 de abril de 1082. Según la tradición, contaba con el don de encontrar agua, por lo que su figura siempre ha estado ligada a los manantiales y al agua en general. Contrajo matrimonio con María, una mujer procedente de Uceda, Guadalajara, que cuidaba de la ermita de Nuestra Señora de la Piedad de Caraquiz, mientras él trabajaba como labrador.

La primera exhumación de su cadáver tuvo lugar ya en el año 1212, momento en el que fue introducido en un sepulcro de la iglesia de San Andrés, ya en Madrid, donde permaneció hasta el año 1266. Ya entonces la devoción hacia el santo empezó a crecer, y a veces su cuerpo era sacado en procesión para invocar las lluvias. Su beatificación no llegó hasta el 14 de julio de 1619, momento en el que se fija su fiesta el 15 de mayo.

Ya desde el siglo XVI existe como tradición merendar en el césped de la pradera de San Isidro y beber el agua de los manantiales cercanos. También entonces ya existían puestos en los alrededores, en los que era posible comprar Rosquillas del Santo, tanto las “tontas”, sin ningún recubrimiento, como las “listas”, con un baño de azúcar, las francesas o las de la “Tía Javiera”.

Según la tradición, que ha llegado hasta nuestros días, es habitual comprar “torraos” –garbanzos asados con yeso-, garrapiñadas, manzanas caramelizadas, encurtidos y escabeches. También es tradicional comprar botijos y pitos de cristal con flores, también conocidos como “Pitos del Santo”. En cuanto a las bebidas, la costumbre establece consumir claras con limón, limonadas y “chicos” de Valdepeñas.

Hoy en día la tradición se entremezcla con otras costumbres, como la de merendar tortillas de patata en la pradera, o comprar barquillos que se acompañan de vino dulce. Además, resulta habitual encontrar en la misma pradera puestos en los que adquirir bocadillos de gallinejas fritas, raciones de cocido madrileño, de callos a la madrileña, e incluso paellas.

Foto portada: Tamorlan
Foto interior: Gabino Domingo Andrés