Una vez finalizadas las fiestas navideñas, en las que los dulces típicos toman especial relevancia en las mesas españolas, la gastronomía tradicional llega a nuestras casas con motivo de fiestas patronales y celebraciones locales. En nuestra Comunidad Autónoma son muchas las fiestas que, desde el mes de enero, pueblan el calendario con distintas especialidades dulces o saladas como atractivo adicional.

El próximo 17 de enero tiene lugar la celebración de San Antonio Abad en la capital. Se trata de una festividad tradicional, que data del medievo, por la que los madrileños llevan a sus mascotas y animales caseros a obtener la bendición del Santo en la Iglesia de San Antón (en las inmediaciones de la calle Hortaleza). Es frecuente acudir a la iglesia con una bolsa de los tradicionales Panecillos de San Antón, que se compran en sus inmediaciones, para poder llevarlos a casa debidamente bendecidos.

Estos panes dulces provienen de los que comía el santo ermitaño en sus periodos de ayuno para intentar sobreponerse a los esfuerzos que hacía por evitar las tentaciones. Durante siglos, la vida del Santo ha sido representada por los artistas evitando precisamente esas tentaciones en el desierto, por un lado, y por otro, con conversando con San Pablo Ermitaño. En esta última representación aparece un cuervo que proporciona alimento a los dos santos trayendo panes similares en su pico.

Por este motivo era tradicional que, durante las romerías que se celebraban con motivo de esta festividad, se ofreciese a los participantes estos bollos como representación del sustento que recibían San Antón y San Pablo en las pinturas. Como parte de la costumbre de la época, la receta de estos dulces se mantenía secreta y bajo custodia en la Iglesia, de tal forma que solo se facilitaba a una tahona durante unas semanas al año. Una vez finalizada la festividad, la receta volvía a la Iglesia y se hacía llegar a las autoridades civiles y eclesiásticas estos panecillos recién elaborados.

 

Los Panecillos de San Antón han mantenido a lo largo de los siglos su significado simbólico. Muchos madrileños los ofrecían al Santo para que bendijese a sus animales y los protegiese de la peste o de cualquier otra enfermedad. Por otro lado, sigue siendo habitual que los bollos que se continúan vendiendo en la actualidad estén bendecidos, por lo que, según la cultura popular, atraen a la fortuna. Es tradicional, en este sentido, dejar un panecillo junto al monedero durante todo un año para lograr bonanza económica durante todo ese periodo. También se cree que ayudan a los solteros a encontrar pareja.

Los Panecillos de San Antón son una pasta seca de forma redonda, y habitualmente de un tamaño inferior a los diez centímetros de diámetro. Se elaboran en un molde con una cruz que representa al santo con su hábito de la orden de los Hospitalarios, que solía llevar bordada una cruz egipcia en el pecho. En la actualidad es posible encontrar panecillos de distintas composiciones y sabores, desde mazapán, yema, pasta de almendras, dulce de naranja, etc. También es habitual encontrar variedades con un glaseado de distintos sabores como cobertura, aunque en todos los casos se caracterizan por su larga duración, al simbolizar la travesía por el desierto del Santo.