Como viene siendo habitual, desde Sabormadrid.es con cierta periodicidad, nos desplazamos a destinos nacionales con el objetivo de ofrecer a todos nuestros lectores la posibilidad de conocer destinos potenciales de unos merecidos días de descanso y disfrute gastronómico. El pasado 23 de diciembre decidimos poner rumbo a El Toboso, localidad toledana a menos de 150 kilómetros de Madrid, llamados por su fama cervantina, lo que la convierte en un plan más que interesante.

Como breve introducción histórica, ya que pocos datos han llegado a nuestros días de su pasado medieval, destacamos que su origen se remonta a un asentamiento de los Íberos, del que dejaron huella con el paso de los años. Pero una de las principales razones que hace a esta pequeña localidad muy importante, a parte de su gente, es la ya de sobra justificada fama literaria gracias a Miguel de Cervantes. Se dice que, de no existir tal lugar, Alonso Quijano, el hidalgo Don Quijote, lo hubiera inventado para honrar la alcurnia de su Dama. De allí era la joven Aldonza Lorenzo, a quien Don Quijote, vino a llamar “Dulcinea del Toboso”.

Seguimos los pasos de la universal y singular pareja, Quijote y Sancho, adentrándonos en el pueblo, ya bien entrada la noche, en busca de la sin par Dulcinea y… habiendo recorrido unos pocos metros nos encontramos frente a una gran torre, reconociendo inmediatamente que tal construcción es la iglesia principal de la localidad al tiempo que exclamamos “¡con la iglesia hemos topado!” El encanto, ya de por si habitual de sus calles, se ve potenciado por la iluminación propia de estas fechas, son las 22:30 del 23 de diciembre.

Recorremos parte de sus estrechas calles con encanto hasta llegar a nuestro alojamiento seleccionado para pasar la noche de marras. El Toboso dispone de una interesante oferta de alojamientos rurales de los cuales todos seguramente merecen la pena. En este caso nos alojamos en la Hospedería del Arco, una espectacular casa rural situada en el centro del pueblo con vistas a la Plaza del Arco, de ahí su nombre. Al bajar del coche, uno puede comprobar escuchando atentamente, como las propias palabras resuenan por los callejones y rincones del pueblo… El Toboso… “sosegado silencio”.

Inmediatamente tocamos a la puerta de la Hospedería del Arco. Nos abre Josefa, una mujer de mediana edad de carácter afable, responsable de realizar nuestro registro. Una vez dentro, el interior de la casa ofrece un ambiente manchego con temática dedicada al arte y a la pintura, con mobiliario clásico a la vez que rústico típico de la zona reforzado con pinturas originales de artistas profesionales. Llama poderosamente nuestra atención esa pasión por la cultura y el arte en cada rincón, que hace que hasta las habitaciones prescindan de la numeración típica de identificación para pasar a estar dedicadas cada una a un pintor famoso que da nombre a la misma. En nuestro caso, la asignada es la habitación Leonardo.

Llegado este punto, acomodados por completo, ahora comienza nuestra verdadera especialidad, buscar un lugar dónde poder probar esa típica gastronomía manchega que de tan buena gala hace honor El Toboso entre su oferta turística. Seguimos las recomendaciones de Josefa y nos decantamos por caminar no más de 200 metros hasta llegar al mesón “La Noria de Dulcinea”. Ubicado en una antigua casa labor de la localidad ha sabido respetar y mantener el sabor tradicional de la estructura anterior, destacando el entramado de madera de la techumbre del salón comedor con un gran fuego de leña que lo hace muy familiar y acogedor para estos días de invierno.

Inmediatamente somos conscientes que nuestra elección va por buen camino ya que estamos ante un restaurante con tradición y preocupación por la gastronomía de la zona, que al ver la carta queda absolutamente confirmada. En todo momento nos sentimos acogidos por Juan López, fundador del mesón, el cual nos atiende personalmente como hace habitualmente con todos y cada uno de los clientes, junto al resto de su personal.

En lo que se refiere a los entrantes disponemos de gran variedad tales como paté de perdiz, asadillo de pimientos con ventresca, queso frito o tabla de ibéricos. Una verdadera pena llegar tan tarde ya que esto nos impedirá probar platos contundentes por el bien de nuestra salud digestiva. Finalmente la elección es acertada entre unos ibéricos, unas croquetas de perdiz, un revuelto de gambas y ajetes y unas chuletillas de cordero lechal con patatas panaderas, todo ello para dos personas y por un precio más que razonable para todos los bolsillos. En calidad, aprobado con nota.

Ya terminada la cena, nos despedimos de Juan hasta la próxima y nos dirigimos hacia nuestro alojamiento. Ahora a ordenar toda la información recopilada, revisar las fotos y a descansar. Mañana a primera hora ponemos rumbo de regreso a Madrid. Una experiencia breve pero intensa, a menos de 2 horas de la capital, lo que la convierte en una opción muy interesante para desconectar de nuestra rutina y enfrentarnos al paso del tiempo.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.
Don Quijote de la Mancha