Hay dos lugares en Madrid donde el deporte se ha cocinado a fuego lento, con buenos ingredientes y con un sabor que activa los cinco sentidos. Se trata de los conocidos restaurantes madrileños Txistu y Asador Donostiarra, que se han convertido en la casa de comidas de personajes influyentes del mundo del deporte. Pero hoy no es momento de hacer eco al elenco de futbolistas, periodistas, entrenadores, directores y de más personalidades que se han sentado alrededor de las mesas de estos establecimientos hosteleros.

Hoy es día de rendir homenaje a su fundador, a la persona que atrajo a todos esos profesionales gracias a su cercanía, familiaridad y cómo no, su forma de entender la gastronomía y su buena gestión empresarial. Él es el recientemente fallecido Pedro Ábrego. Recuerda Gaspar Rosety, Director de Medios de la Real Federación Española de Fútbol, que en una ocasión le dijo: “La vida es corta”. Y sin duda, no le faltaba razón, pero él supo cómo aprovecharla y cómo degustarla.

Este empresario navarro comenzó su carrera en el mundo de la hostelería en 1971 en Madrid, año en el que abrió el Mesón el Caserío. Tan solo un año más tarde abriría las puertas del Mesón Txistu; y su buen hacer le permitió que en 1976 se inaugurará el tercero, Asador Donostiarra, que con un ritmo fugaz se convirtió en un referente de la cocina vasconavarra en la capital.

En 2002 recibió la Medalla de Plata al Trabajo, en 2007 el Tambor de Oro de Donostia y en 2010 la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo por su labor empresarial. Durante la entrega del Tambor de Oro, el presidente del Orfeón Donostiarra, José María Etxarri, le calificó de cónsul de la capital guipuzcoana y de punta de lanza del donostiarrismo.

Don Pedro, como era conocido y tratado por sus múltiples amigos, se ganó a pulso su éxito. Constancia, tenacidad, fuerza, generosidad y ganas han sido las claves que le han perseguido durante todo su recorrido. Eso y una gran visión de la cocina tradicional mediterránea, en la que los productos de calidad han sido la esencia de cada plato servido en las mesas de estos mesones.

Su devoción por los deportistas se notaba de lejos, el mimo y el cariño que recibían al entrar en sus casas era excepcional. Aunque no muy diferente al que recibían de su parte el resto de comensales. Si un restaurante se mide por estrellas, estamos ante los mejores de la capital, ya que muchas estrellas han cruzado sus puertas para comerse un buen asado.

El pasado 3 de julio la cocina del deporte se quedo coja con la pérdida de Pedro Ábrego a los 87 años. Una pérdida muy sonada y dolida tanto en el mundo del juego deportivo como en el de la gastronomía. Tras él queda una generación dispuesta a seguir su estela para mantener los marcadores del Mesón Txistu y del Asador Donostiarra a buen nivel, y seguir así en primera división.