La leche ha sido históricamente un alimento venerado durante milenios por todo tipo de culturas y civilizaciones. Un poco más cerca de la actualidad ha protagonizado cientos de miles de contiendas entre padres desesperados e hijos aparentemente inapetentes. “Termínate la leche” “necesitas la leche para crecer” o “si no tomas calcio tendrás problemas con los huesos”.

Además, es un alimento que aporta agua, minerales, macro y micronutrientes  e, incluso, algunas enzimas digestivas. Todas estas propiedades le otorgan una gran utilidad para el organismo.

Sin embargo, en los últimos años la leche de vaca se ha enfrentado a una batalla mucho mayor: la de los rumores sobre su supuesto carácter pernicioso en la salud. No hace falta buscar mucho en internet para encontrarse artículos sobre su carácter dañino para nuestro organismo. No obstante, todavía no existe una evidencia médica clara que abogue por abolir el consumo de lácteo.

La mayor parte de estos rumores o mitos parten de la premisa de que la leche puede producir intolerancia a los adultos. Es muy cierto que estos casos se pueden dar,  y que, como comentábamos en el reportaje sobre la intolerancia a la lactosa, este es un tipo de trastorno que se calcula que afecta aproximadamente al 34 % de los españoles según la EFSA (European Food Security Authority).

Pero, como apunta Edgardo Ridner, presidente de la consultora Farma Food Care y ex presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición  en el diario Clarín, no hay que olvidar que “igual que todos los alimentos conocidos y por conocer, hay personas que son intolerantes a algunos componentes de la leche, tanto humana como de vaca y de otras especies, algo que se observa a veces desde el nacimiento pero que va aumentando con la edad. La intolerancia a la lactosa, el azúcar de la leche, se ha podido rastrear genéticamente en poblaciones prehistóricas, y no es un problema exclusivo de los adultos”.

En la misma dirección, existen diferentes instituciones y profesionales que defienden la leche de vaca como un alimento más que saludable. Algunas recomendaciones como la de la  Academia Americana de Pediatría aconsejan  incluirla en nuestra dieta habitual: tanto la lactancia materna para los primeros meses de vida como la ingesta de leche de vaca para niños mayores de 1 año (con un máximo 2 vasos de leche al día que proporcionan un buen aporte de vitamina D y no disminuyen el hierro).

Incluso recientemente, el documento “Importancia nutricional y metabólica de la leche” realizado por especialistas en nutrición concluye que la “de leche de vaca es “factor básico” en la prevención de sobrepeso y la obesidad”. De hecho, “Se relaciona una mayor ingesta de calcio a una mayor pérdida de peso corporal, de tejido adiposo y de disminución de grasa en la región abdominal”.

Así pues,  todo parece indicar que la leche seguirá siendo uno de los alimentos imprescindibles y básicos dentro de una correcta nutrición.