Un café de media mañana que nos sienta mal, o ese dolor de tripa que atribuimos al atracón de pizza. La intolerancia a la lactosa era hasta hace poco la gran desconocida.

En una semana especialmente importante para la alimentación, hemos querido centrarnos en un tipo de trastorno que se calcula que afecta aproximadamente al 34 % de los españoles según la EFSA (European Food Security Authority).

Para entender la enfermedad, es necesario explicar que la intolerancia y alergia a la lactosa, aunque se suelan confundir, no son lo mismo. Oriol Sans, presidente de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa España, (ADILAC) nos aclara que “la intolerancia a la lactosa es una intolerancia al azúcar de la leche (lactosa) ante la falta de un enzima necesario para digerirla y nos produce una sintomatología básicamente intestinal: dolor de barriga, gases, distensión abdominal, diarrea, etc.”.

Por el contrario “la alergia a la leche, implica a nuestro sistema inmunológico pudiendo provocarnos en casos graves la muerte. Por tanto, la gravedad de una u otra es muy diferente”. Sin embargo, el problema de la sintomatología de este tipo de intolerancia es que puede confundirse fácilmente con otras enfermedades digestivas.

Por ende “si no tiene un buen diagnóstico, la persona seguirá ingiriendo lactosa. Eso le irá provocando una irritación e inflamación en su intestino cada vez más difícil de curar, llegándole a provocar una sintomatología más allá de la localizada a nivel gastrointestinal”.

Es el caso de Blanca S. Campoo, a la que le diagnosticaron la enfermedad a los 23 años porque “me encontraba muy mal y me hicieron las pruebas”. El suyo es uno de los muchos casos en los que “no eres consciente de que estás enfermo, porque como siempre has estado así, piensas que es normal”.

Esto fue hace unos años, sin embargo, la situación ha avanzado considerablemente. Cada día escuchamos y leemos más sobre este tema, e incluso nos vamos acostumbrando a ver en los supermercados distintos variantes de lácteos, productos sin lactosa y referencias a la intolerancia a la leche.

Oriol Sans asegura que “desde que empezamos en el año 2003 hemos avanzado muchísimo” también en la oferta de los productos “en el año 2006 se lanzó la primera leche sin lactosa en nuestro país y, a día de hoy, todas las empresas lecheras tienen su leche y su gama de productos lácteos sin lactosa”

“En el caso de otro tipo de productos como embutidos, bollería, etc. se avanza quizás a otro ritmo pero también se va aumentando la oferta de productos porqué los fabricantes se van dando cuenta de las necesidades de nuestro colectivo”.

A pesar de eso, y cuando uno se encuentra en la situación en la que ha de encontrar estos productos a toda costa, Blanca nos cuenta algunos de los principales problemas “uno de los problemas con los que te encuentras es la falta de información. No en todos los sitios te indican que lleva, y tienes que andar con mil ojos”. No solamente en el momento de la compra, sino también a la hora de disfrutar del ocio “en pocos restaurantes hay alternativas para alergias o intolerancias, es decir, que ya no sé lo que es ir al Telepizza”. Además es cierto que “son bastante más caros”.

Esta situación contrasta con la realidad, ya que según Oriol, “en el listado de ingredientes, por normativa europea se deben especificar y destacar la presencia lácteos y la lactosa”.

Los efectos y el tiempo en el que se manifiesta la enfermedad varían dependiendo de cada paciente; de la sensibilidad de la persona y su nivel de intolerancia. Incluso, Oriol nos aclara que “hay personas con bajos niveles de intolerancia que toleran ciertos alimentos con poca lactosa como los quesos o los yogures.”

Además, no todas las intolerancias son iguales. Debemos distinguir dos tipos de intolerancia ”la primaria o genética es aquella que padecemos muchos de nosotros dónde con el paso del tiempo vamos perdiendo el enzima (lactasa) necesario para digerir la lactosa. Esta es una intolerancia progresiva e irreversible, no tiene curación, es una pérdida gradual del enzima en nuestro organismo lo que nos va dificultando cada vez más su digestión.”

Afortunadamente, la enfermedad en sí “no es grave porque no es vital. Pero sí que condiciona nuestro día a día”. “Se debe tener cuidado con aquellos alimentos dónde se le puede haber añadido lactosa. Eso quiere decir que a prácticamente a todos, desde un pan, una sopa preparada, unos aperitivos, embutidos, etc. Debemos vigilar con aquellos alimentos que han sido procesados y dónde se le puede haber añadido lactosa”.

En este sentido Blanca está de acuerdo con el Presidente de ADILAC, “al principio es difícil seguir la dieta, porque te cuesta. Sobre todo cuando estás acostumbrada a tomar ciertos productos que después no puedes volver a probar. También es difícil  porque aunque no lo parezca muchos de los productos llevan leche, muchos no te haces a la idea de cuántos productos llevan. El pan, hamburguesas, salsas, incluso la mayoría de los productos congelados”

Afortunadamente, mayoría de los casos el tratamiento consiste en suprimir en la dieta los alimentos que tengan lactosa y “ ¡Sobre todo mucha paciencia porque la lactosa está en todas partes!”.