Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX los ateneos y cafés literarios fueron el epicentro de la cultura y filosofía de Madrid. La gran mayoría, enclavados en la Puerta del Sol y sus alrededores, fueron los centros neurálgicos donde los intelectuales de la época se reunían y charlaban.

En la vida literaria y bohemia de la capital destacaron importantes pensadores, filósofos, políticos, pintores o escritores que frecuentaban estos cafés, entre ellos, Manuel Azaña, Pio Baroja, Valle Inclán o Ramón Gómez de la Serna, cliente fiel del conocido Café Pombo.

En el número 4 de la calle Carretas estaba este local de tertulias literarias, también conocido como Antiguo Café y Botillería de Pombo o “café de los cagones”, pero, ¿por qué?

Existen dos teorías contrarias al respecto. La primera asegura que el nombre lo adoptó debido al sorbete de arroz, cuya ingesta proporcionaba fuertes movimientos de tripas y los clientes sentían la necesidad de ir al baño en ese momento. La otra hipótesis cuenta que parece ser que ese mismo postre era, por el contrario, una de las delicias del café, y que detenía los efectos de las gastroenteritis como las diarreas y descomposiciones. A pesar de no saber con certeza cuál de las dos suposiciones es la verdadera, lo cierto es que el sorbete de arroz del Café Pombo fue la razón del apodo “café de los cagones”.

En 1942, pocos años después la guerra civil, el café cerró, pero permanece inmortal gracias a autores como Gómez de la Serna, quien decía: “busco y encuentro Pombo, inmediato a la Puerta del Sol, detrás del Ministerio de Gobernación, a un paso de todos los tranvías y por tanto propicio a todas las citas”. El escritor lideró desde 1912 una tertulia los sábados por la noche conocida como “La Sagrada cripta del Pombo”, donde se reunían conocidos intelectuales y jóvenes promesas para conversar.