Ernest Hemingway ya escribió en su obra ‘Muerte en la tarde’ que “Cuando se conoce Madrid es la ciudad más española de todas, la más agradable para vivir, la de la gente más simpática, y, un mes con otro, la de mejor clima del mundo”. El nobel de Literatura visitó nuestro país en varias ocasiones, y en concreto, Madrid.  En los años veinte estuvo en varias ocasiones acompañado por su familia, durante la Guerra Civil regresó como corresponsal de la North American Newspaper Alliance, y volvió en los cincuenta atraído por las fiestas taurinas.

Al estadounidense le gustaba tanto España que terminó dos de sus novelas más famosas en un restaurante de Madrid, y no es otro que Botín, el más antiguo del mundo, del que ya hablamos hace unas semanas. No sabemos si por su comida o la historia, pero lo cierto es que el escritor y periodista remató aquí ‘Muerte en la tarde’ y ‘Fiesta’, novela que le dio fama internacional, y que acaba con una escena en ese mismo comedor.

Pero Botín no fue el único establecimiento del que Hemingway escribió. En uno de sus artículos publicado en la revista Life, decía que en El Callejón tenían la mejor comida de la ciudad. También elogió en alguna ocasión el Clarete de Valdepeñas. Tanto en su obra teatral ‘La Quinta” como en ‘La denuncia’ aparece el Bar Chicote, refugio de artistas y estrellas que han pasado por Madrid.

Cervecería Alemana también era uno de los lugares favoritos del escritor, tal y como escribió en el artículo ‘Un verano peligroso’, donde lo calificaba como un sitio perfecto para tomar cervezas y café. A pocos metros se encontraba el extinto Bar Álvarez, donde al escritor le gustaba tomar cerveza y gambas, según su libro ‘Muerte en la tarde.

Además de restaurantes, también frecuentaba hoteles, como el Gran Vía, mencionado en ‘The night before battle’,donde escribió que “El lugar siempre me ponía furioso”, y en ‘La quinta columna’, en la que también aparece el Hotel Florida, demolido en los años sesenta. El Hotel Gaylord aparecece en ‘Por quién doblan las campanas’, y su protagonista, Robert Jordan, admite que al principio no le gustaba el hotel porque le parecía muy lujoso. El famoso Palace también tuvo cabida en las páginas de Hemingway. Por último, en ‘Fiesta’, Jake y Brett están de acuerdo en que no hay nada comparable a la “maravillosa gentileza con la que te atienden en el bar de un gran hotel”, mientras observan cómo trabaja el barman.