Durante la Transición y durante la época postfranquista, Madrid vivió un gran movimiento contracultural durante los años 70 y 80. La calle era tomada, se respiraba libertad, provocación, petardeo, excesos, ganas de vivir, de crear… la ciudad se llenaba de color y se situaba de nuevo en el mapa cultural, revistas, fanzines, sellos discográficos, radios libres, editoriales, galerias de arte, salas alternativas y bares.

“La Movida Madrileña” tuvo un gran peso en la capital y agitó mucho las calles de la ciudad. Tanto es así que aún se guardan pequeños guiños a todos aquellos que quieran recordar lo vivido hace unos años, o para todos aquellos curiosos que quieren conocer más sobre lo que han leído o contado en una sobre mesa de batallitas sus padres recordando su juventud.

En pleno barrio de Malasaña, centro neurálgico de este movimiento, se encuentra Madrid Me Mata. Este Bar-Museo, con nombre de la famosa fanzine de la época, es el mejor reflejo para recordar a la Movida Madrileña. Un recorrido que transporta hasta las raíces vividas por aquellos que quisieron hacerse oír.
200 metros cuadrados de exposición dividido en dos plantas. Objetos únicos que llenan el local en forma de pinturas, diseños, fotografías, cine, vitrinas que guardan incluso instrumentos de artistas de éxito del momento como Antonio Vega, Tequila, Radio Futura, Alaska y pegamoides, Los Secretos…Un recorrido por todos aquellos lugares y momentos que han quedado guardados en la historia de Madrid.

Amplias barras decoradas con entradas, pósters de míticos conciertos de los 80’s y una sala más tranquila que cuenta con sofás y mesas bajas, ilustradas con cuadros y fotografías de las figuras y personajes de esos años. Su parte inferior cuenta con un pequeño altar con instrumentos de los propios personajes de la época que han donado, como el teclado de Ana Curra, un bajo de los Nikis, o la mesa de mezclas del concierto homenaje a Canito en 1980.

La música no podría ser otra que una recopilación del mejor sonido musical ochentero español. Para mimetizar más el ambiente el sonido es en directo con vídeos proyectados en sus pantallas.

A primera hora de la tarde, sus visitantes pueden tomarse de manera más tranquila un café o unas cervezas. Por la noche, el ruido se incrementa, y el bar-museo se transforma en un bar de copas, contagiando un ambiente, que a pesar de los años, aún pervive en las calles de Malasaña.