El olor que desprenden los alimentos es el primer factor que permite que captemos la esencia de la comida, sin él no seríamos capaces de apreciar las exquisitas alteraciones gastronómicas, por eso tener un buen sentido del olfato es fundamental a la hora de cocinar, un chef sin una buena nariz es como un músico sin oído ¿Pero qué pasaría si un cocinero pierde su capacidad para diferencias olores?.

Gracias a las nuevas tecnologías y a la ciencia esto ya no sería una excusa para decidir dedicarse a otra cosa, ya que investigadores españoles han diseñado una “nariz electrónica” capaz de seleccionar los aromas más fuertes.

Este grupo de investigadores que pertenecen a la Universidad de Jaume I en Castellón, han llevado a cabo un gran trabajo previo de corrección, ya que, como pudieron comprobar, los sistemas de olfato electrónico no perciben los olores de la misma manera cuando son expuestos a diferentes condiciones en un mismo lugar. Por ello han desarrollado una metodología estadística que permite la comparación eficiente de las características aromáticas de un producto.

Está “nariz electrónica” es capaz de reconocer y comparar tanto olores individuales, como olores más complejos , gracias a los sensores químicos de los que está dotado el instrumento y a través de un programa quimiométrico de reconocimiento de modelos. Las narices electrónicas se utilizan cada vez más en el sector agroalimentario, donde han encontrado un campo natural de actuación.