Algunos de nosotros tenemos serias dificultades para comer adecuadamente con la luz encendida. Técnicas como la del lamparón, lanzamiento de comida mientras tratamos de partir algo en el plato o el vertido de cualquier líquido sobre mantel, suelo y acompañantes son nuestra especialidad.

Bueno, los que formen parte de este grupo, desde luego, no son el público más ideal para acudir a restaurantes como el Nocti Vagus de Berlín. Sin embargo, para aquellos que busquen algo original y, efectivamente, diferente, este es su lugar.

Un establecimiento literalmente a oscuras. Nada de lámparas, nada de luces tenues… por no ver, en su página web te aseguran que no serás capaz de distinguir ni tu propia mano frente tu cara. El fin del restaurante es disfrutar la comida con el resto de los sentidos. No solo se trata de gusto y olfato, sino que sus espectáculos como el “teatro oscuro”, “música en directo” o “noches eróticos” se encargan de estimular la fisiología del comensal.

Y ustedes, dignos lectores, habrán pensado: “esto tiene truco” ¿Cómo se elige el menú? ¿nos leen la carta? Para nada. La única luz que verán en toda la noche será la sutil bombilla del loungue-bar, donde ustedes pueden examinar qué platos ofrecen.
Seguro que han encontrado otra pega… ¿y los camareros? ¿no tienen problemas trabajando a oscuras? Naturalmente todo está pensado. El personal del Nocti Vagus es invidente.

Una vez solucionadas las primeras dudas llega la hora de la verdad: ahora bien, además del viaje a Berlín ¿Cuánto cuesta cenar en un lugar como este? Si ustedes se deciden por un fin de semana el precio con espectáculo es de 49 euros, si desea que la experiencia le resulte un poco más económica y acude entre semana, se queda en 39 euros.

Desconozco si eso de comer con los cuatro sentidos es tan estimulante, o si el espectáculo realmente merece la pena, pero lo cierto es que viviendo en Madrid hay actuaciones que se acompañan de menús lamentables por los que a uno le sacan más de 40 euros, incluso en ocasiones, el personal del restaurante tiene preparado el box para la donación de órganos.

¿Y si Berlín no es lo suyo? El restaurante Dans Le Noir, que ya cuenta con embajadores gastronómicos en París, Londres y Moscú, y que ofrece prácticamente el mismo concepto pero sin espectáculo, se encuentra un poquito más cerca. De modo que si no desean quedarse con la curiosidad, pueden visitar la sede de Barcelona.

Lo que es seguro es que eso de cenar a oscuras se ha ganado una mención en nuestra sección de gastrorarezas.