Decía Alfredo Landa que “El sentido del humor consiste en saber reírse de las propias desgracias”. Esa afirmación encaja a la perfección con Miguel Lago y su monólogo “Soy un miserable”. Un espectáculo sólo apto para mentes despiertas que se nutre de ese tipo de humor que nace de la exposición de las miserias. Precisamente esta fórmula es la que le ha convertido en el monologo más visto de la Paramount Comedy y la que ha logrado multiplicar la afluencia de público a sus funciones en los últimos años.

Una actualizada esperpéntica y divertida evolución de la anterior versión “Soy un hijo puta”, y que bajo un nombre un poco más correcto se puede disfrutar los sábados en el Teatro Reina Victoria de Madrid en un horario golfo.

Esta vez sin traje de chaqueta, pero escoltado con el carácter y el sentido crítico que le caracterizan, Miguel Lago se sienta con SaborMadrid para compartir con nosotros unas horas en el Asador Donostiarra.  Entre plato y plato de un homenaje gastronómico que quita el hipo, nos cuenta qué nos vamos a encontrar en su espectáculo.

Desde luego si algún calificativo se merece su monologo es “diferente”.  Hace 5 años, cuando la corrupción todavía era un tema tabú, ya logró que su argumento sorprendiese al público con un alegre componente de ironía y sarcasmo.
Ahora en su cuarta edición y cuando: “España está difícil defender, lo mires por donde lo mires” otros temas como el aborto, el bullying o el fenómeno Pablo Iglesias completan su soliloquio.

Visitar su show es equivalente a disfrutar de la acidez que rompe esquemas y que sonsaca irremediablemente la carcajada. En palabras del propio Lago: “La idea es pegarle a todo aquello que a mí no me convenza, sin atender a colores”.

Efectivamente, directo mordaz e instigador se convierte en “ese pellizco” que hace reflexionar y reír al público: “Vosotros los espectadores nos habéis hecho un regalo muy grande: darnos la posibilidad de subirnos a un escenario y escucharnos. Para mí ese regalo entraña una responsabilidad enorme, ya que me vas a escuchar, lo mínimo que tengo que hacer, además de hacerte reír que es fundamental, es decirte algo, tengo que ir más allá”.

Afirma que quiere sorprender y lo logra. Dejando de lado las bromas fáciles y los simplicísimos, “Soy un Miserable” consigue en noventa minutos que desde su butaca el espectador se revuelva y se reconozca en afirmaciones que son, cuanto menos, políticamente incorrectas: “Estoy denunciando la parte más miserable, la parte más animal de cada uno de nosotros”.

No tiene un perfil en Wikipedia ni se sirve de carteles y cuñas publicitarias, pero con poco presupuesto, el trabajo de su productora y un maravilloso efecto del boca oreja, ha conseguido colarse en los planes de ocio de muchos españoles en Madrid, Barcelona y Valencia.

Quizás ese éxito se deba a esa “honestidad brutal” que caracteriza a una versión exagerada de sí mismo pero que “en el fondo es el Miguel más autentico porque es el que no se limita a convencionalismos sociales. Es una versión desfachatada de aquí mando yo…”. Una actitud poco usual en la que un personaje  enchaquetado se sube al escenario y toma las riendas del teatro: “Esto hace que me crezca y que me permita decir unas cosas que pueden llegar a ser ofensivas para algunos”.

Sin embargo, siendo consciente de que puede llegar a resultar “muy faltón” y que posee una especial habilidad para “meterse en jardines” ni puede ni quiere enamorar a todo el mundo: “Hago el humor que hago, que puede gustar más o menos pero que es cañero, y si a ti no te gusta es tu problema. No me voy a traicionar a mí mismo, es una comedia y es a por lo que voy”.

Auténtico, sin filtros ni censuras, nos acerca un espectáculo sencillamente incomparable a otros que espera que de sus frutos: “Tengo fe en que ser tan claro e ir de frente a la larga te pone en un buen sitio. Quiero pensar que a nivel profesional me espera algo muy bueno. Me niego a pensar que haya tal mediocridad que piensen: ‘como este tío dice lo que le da la gana no le voy a dar trabajo’ ”.

Más que un papel o una actuación, Miguel se muestra coherente con una actitud trascendental en la que no todo vale y que afortunadamente encandila: “Tuve una revelación hace tiempo: cuanto más cretino soy más os reís. Esto va de hacer reír y la gente compra el personaje, le gusta”.

El escenario preparado y el telón a punto de levantarse, el ir a verle o no es vuestra elección pero, desde luego, un directo y un hombre enamorado de los teatros y apasionado en su trabajo, es una excelente opción para una noche de ocio que recordar: “Ahora, solo queda confiar en que vengáis y, si venís, que os guste”.